Cuando una empresa decide construir una nueva nave industrial, ampliar unas instalaciones existentes o implantar una nueva actividad, una de las primeras dudas que suele aparecer es bastante lógica:
¿Qué incluye exactamente un proyecto de nave industrial?
Porque un proyecto industrial no consiste únicamente en dibujar la distribución de la nave y calcular su estructura.
Detrás hay que definir cómo funcionará el edificio, qué instalaciones necesitará, cómo se adaptará a la actividad prevista, qué requisitos normativos deberá cumplir y qué documentación será necesaria para poder construir, legalizar y poner en marcha la instalación.
Por eso, un proyecto de nave industrial debe entenderse como la definición técnica completa del edificio y, en muchos casos, también de buena parte de la actividad que se desarrollará dentro.
En INTECA abordamos los proyectos industriales desde una visión integral, coordinando ingeniería, arquitectura, instalaciones y necesidades de la futura actividad.
El proyecto técnico es el documento que define cómo debe construirse una nave y justifica que las soluciones propuestas cumplen los requisitos técnicos y normativos aplicables.
Incluye información gráfica, cálculos, memorias, especificaciones, mediciones y otros documentos necesarios para que todos los agentes implicados sepan qué debe construirse y cómo debe ejecutarse.
Pero antes de preparar planos y cálculos hay algo todavía más importante:
entender qué necesita realmente la empresa.
Una nave logística, una planta de producción, un almacén o una industria alimentaria pueden tener requisitos completamente diferentes aunque tengan superficies similares.
Por eso el proyecto debe partir siempre de la actividad.
Una buena nave industrial empieza antes de dibujar el primer plano.
Hay que conocer cómo va a funcionar la futura instalación:
procesos productivos;
maquinaria;
almacenamiento;
flujos de materiales;
circulación de trabajadores;
entrada y salida de mercancías;
necesidades energéticas;
oficinas y zonas auxiliares;
previsiones de crecimiento.
Estas decisiones condicionarán posteriormente la distribución, estructura e instalaciones.
En nuestro artículo sobre diseño de naves industriales explicamos precisamente por qué conviene plantear estos flujos desde las primeras fases del proyecto.
También es necesario comprobar que el emplazamiento permite desarrollar el proyecto previsto.
Se analizan cuestiones como:
clasificación urbanística;
ocupación máxima;
edificabilidad;
alturas permitidas;
retranqueos;
accesos;
servicios existentes;
compatibilidad de la actividad.
Detectar una limitación urbanística tarde puede obligar a modificar una parte importante del proyecto.
Dependiendo del terreno y las características de la actuación, puede ser necesario realizar un levantamiento topográfico y un estudio geotécnico.
El estudio del terreno resulta especialmente importante para definir correctamente la cimentación y las soluciones estructurales.
Uno de los documentos principales del proyecto es la memoria.
En ella se explica qué se va a construir y cuáles son las decisiones técnicas adoptadas.
La memoria descriptiva suele recoger aspectos como:
ubicación;
características de la parcela;
agentes que intervienen;
actividad prevista;
superficies;
distribución;
accesos;
descripción general del edificio.
La memoria constructiva, por su parte, desarrolla cómo se resolverán las distintas partes de la nave:
cimentación;
estructura;
cerramientos;
cubierta;
particiones;
pavimentos;
acabados;
carpinterías;
instalaciones.
Estas memorias permiten entender el proyecto más allá de los planos.
Los planos traducen las decisiones del proyecto a información gráfica.
No existe un único “plano de la nave”.
Un proyecto completo puede contener numerosos documentos dependiendo de su complejidad.
Definen la configuración general del edificio.
Pueden incluir:
situación y emplazamiento;
plantas;
secciones;
alzados;
cubiertas;
accesos;
distribución interior;
oficinas;
zonas productivas;
almacenes;
muelles y áreas de carga.
Estos planos ayudan a entender cómo se relacionan entre sí los diferentes espacios.
Recogen las soluciones necesarias para soportar las cargas del edificio:
cimentaciones;
pilares;
vigas;
estructura de cubierta;
elementos metálicos o prefabricados;
detalles constructivos.
La solución estructural debe coordinarse desde el principio con la distribución y con las necesidades de la actividad.
En una nave industrial suelen tener un peso especialmente importante.
Representan recorridos, equipos, conexiones y características de las diferentes instalaciones del edificio.
El proyecto no solo define soluciones.
También debe justificar que esas soluciones cumplen los requisitos establecidos.
Por eso puede incorporar diferentes cálculos y anexos técnicos relacionados con:
estructura;
cimentación;
eficiencia energética;
ventilación;
instalaciones eléctricas;
protección contra incendios;
climatización;
iluminación;
acústica;
otras instalaciones específicas.
El contenido exacto dependerá de las características del proyecto y de la actividad prevista.
Una de las diferencias más importantes entre una nave industrial y muchos otros edificios es la relevancia de sus instalaciones.
No deben plantearse como algo que simplemente se añade cuando la arquitectura ya está terminada.
Deben coordinarse desde el diseño.
Desde el área de Ingeniería y Arquitectura de INTECA trabajamos conjuntamente la edificación y las instalaciones para que respondan a las necesidades reales de la actividad.
Puede incluir aspectos como:
alimentación;
cuadros eléctricos;
distribución;
iluminación;
fuerza;
maquinaria;
emergencia;
puesta a tierra.
Una planta productiva puede necesitar una potencia y una distribución completamente distintas a las de un almacén convencional.
Dependiendo del uso pueden ser necesarias instalaciones de:
climatización;
ventilación;
extracción;
control de temperatura;
renovación de aire.
En determinados procesos industriales estos sistemas forman parte directamente de las condiciones necesarias para producir.
El proyecto también puede definir:
abastecimiento;
redes interiores;
saneamiento;
evacuación de aguas;
pluviales;
necesidades específicas de proceso.
La seguridad contra incendios tiene una importancia crítica en edificios industriales.
Las soluciones dependerán del tipo de actividad, características del edificio y nivel de riesgo asociado.
Pueden contemplarse elementos como detección, alarma, extinción, sectorización, evacuación y otras medidas necesarias según cada instalación.
Cada industria puede requerir sistemas particulares:
aire comprimido;
gases;
extracción localizada;
refrigeración;
instalaciones térmicas;
redes de proceso;
alimentación de maquinaria;
sistemas especiales de control.
Aquí es donde resulta especialmente evidente que dos naves aparentemente iguales pueden necesitar proyectos muy diferentes.
Un proyecto de ejecución debe definir suficientemente la obra para poder construirla.
Por eso también incorpora documentación económica y técnica.
Desglosan las distintas unidades necesarias para ejecutar la nave:
estructura, cerramientos, pavimentos, instalaciones, acabados, etc.
A partir de esas mediciones se establece una valoración económica de las diferentes partidas del proyecto.
Define requisitos técnicos relacionados con materiales, ejecución y condiciones que deberán respetarse durante la obra.
Estos documentos son fundamentales para que las soluciones proyectadas puedan trasladarse correctamente a la fase de construcción.
La normativa atraviesa prácticamente todo el proyecto.
No aparece como una comprobación que se realiza al terminar.
Debe estar presente desde las primeras decisiones.
Hay que considerar, según cada proyecto, aspectos relacionados con:
seguridad estructural;
incendios;
accesibilidad;
eficiencia energética;
instalaciones;
condiciones ambientales;
seguridad durante la construcción.
Además, la actividad puede estar sometida a requisitos específicos.
Por eso en INTECA combinamos el proyecto técnico con servicios de Consultoría y Asesoría relacionados con urbanismo, licencias ambientales y legalización de instalaciones.
Proyecto y licencia no son exactamente lo mismo.
El proyecto técnico aporta buena parte de la documentación necesaria para justificar la actuación, pero después deben tramitarse las autorizaciones correspondientes según la obra, ubicación y actividad.
En un proyecto industrial pueden intervenir cuestiones como:
licencia de obras;
compatibilidad urbanística;
licencia o autorización ambiental;
legalización de instalaciones;
puesta en marcha de la actividad.
Por eso conviene estudiar construcción y actividad conjuntamente.
Construir una nave técnicamente correcta sirve de poco si posteriormente la actividad prevista encuentra dificultades para implantarse.
No.
De forma simplificada, podemos entender el proyecto básico como el documento que define las características generales del edificio y permite justificar determinadas condiciones necesarias para su tramitación.
El proyecto de ejecución desarrolla el edificio con un nivel de detalle suficiente para construirlo.
Aquí aparecen con mayor profundidad:
soluciones constructivas;
estructura;
instalaciones;
cálculos;
detalles;
mediciones;
presupuesto;
especificaciones técnicas.
Por eso es importante conocer qué alcance se está contratando cuando se solicita presupuesto para un proyecto industrial.
Una nave industrial puede reunir una gran cantidad de disciplinas técnicas en un mismo edificio.
Arquitectura, estructura, electricidad, climatización, PCI, saneamiento y procesos industriales necesitan compartir espacios.
La coordinación resulta fundamental.
En INTECA utilizamos la metodología BIM, lo que permite trabajar sobre modelos coordinados y detectar posibles interferencias entre disciplinas antes de llegar a obra.
Esto ayuda, por ejemplo, a identificar si un conducto coincide con un elemento estructural o si determinadas instalaciones afectan al espacio previsto para maquinaria.
Resolver estos conflictos durante el proyecto es considerablemente más eficiente que descubrirlos durante la construcción.
El proyecto técnico es fundamental, pero su finalidad va más allá de reunir documentación: debe servir de base para la construcción de naves industriales, de forma que la instalación pueda ejecutarse, funcionar y ponerse en marcha correctamente.
Por eso resulta útil plantear una visión integral:
necesidades de la empresa → diseño → proyecto → licencias → construcción → instalaciones → legalización → puesta en marcha.
Desde INTECA también abordamos la fase de Construcción y Planificación, permitiendo mantener continuidad entre aquello que se proyecta y aquello que finalmente se ejecuta.
Si estás analizando una nueva implantación, también puedes ampliar información en nuestra guía sobre implantación industrial.
No existe una respuesta idéntica para todas las empresas.
El alcance dependerá de la actividad, la parcela, el tamaño, los procesos y las instalaciones necesarias.
Pero un proyecto bien planteado debe conseguir algo fundamental:
que arquitectura, estructura, instalaciones, normativa y actividad funcionen como partes de una misma instalación.
Por eso no basta con dibujar una nave y añadir después lo que vaya haciendo falta.
Cuanto antes se definan y coordinen las necesidades reales del proyecto, más posibilidades habrá de evitar modificaciones, incompatibilidades y decisiones improvisadas durante la ejecución.
En INTECA abordamos proyectos industriales desde una visión integral de ingeniería, arquitectura, consultoría y construcción, acompañando las diferentes fases necesarias para convertir una necesidad empresarial en una instalación preparada para funcionar.